07/11/2011

El cliente opina de lo que le da la gana


Os pongo en antecedentes de algo que seguramente muchos de vosotros ya conocéis:

1 - A la madre de un presunto asesino y encubridor (“El Cuco”) la invitaron a ser entrevistada en un programa llamado “La Noria” de Telecinco. Su hijo y varias personas más se beneficiaran de penas más benévolas al no desvelar donde está el cadáver. Por esa entrevista se especula que ha cobrado entre 9.000 y 10.000 euros.

2 – A partir de un post del periodista Pablo Herreros en su blog, se inicia una campaña contra las marcas que se anunciaron durante la emisión de ese programa.

3 – Esto es considerado como un ataque a la libertad de expresión de Telecinco y un chantaje a las marcas que la utilizan como plataforma para su publicidad en un blog de economía que leo bastante frecuencia.

No entendemos nada. O al menos eso creo.

El autor del artículo en cuestión, viene a decir (como así dice expresamente en uno de los comentarios) que una cosa es decir "desde hoy dejo de consumir productos de XXX" y motivar a la gente para que lo haga y otra muy distinta es decir "Sres de la empresa XXX, si no dejan de publicitarse en tal programa, vamos a dejar de consumir sus productos".

Muy bien, yo me pregunto ¿Cuál es la diferencia?, ¿no podemos mostrar nuestro disgusto con las marcas por razones distintas a la calidad intrínseca del producto?, ¿solo podemos exponer nuestros argumentos en contra de comprar un determinado producto cuando este se basa en las cualidades del producto?

Imaginemos que tenemos un problema con nuestra proveedora de Internet. Que cada X tiempo mi WIFI se desconecta y no son capaces de dar con el problema. Bastante cabreados por la falta de soluciones que nos da la empresa les decimos que o nos garantizan el correcto funcionamiento de nuestra WIFI las 24 horas del día o dejo de contratar sus servicios e intento convencer al máximo número posible de clientes/posibles clientes para que hagan lo mismo y no contraten sus servicios. Ojo!! El problema no tiene por qué ser causa directa de nuestro proveedor, pero nosotros le damos ese ultimátum tal cual.

Imaginemos ahora que tenemos otro tipo de problema con esa empresa. Que lo que hace es abrir un local debajo de nuestra casa y que los ruidos que causa por X razón son molestos para nosotros (aunque siempre inferiores a límites legales y en un horario permitido). Les decimos que o dejan de hacer tanto ruido o dejamos de ser sus clientes y trataremos de convencer a otros tantos para que hagan lo mismo.

¿Hay alguna diferencia entre estos dos casos? Son similares en que, para nosotros, ambos casos son causa suficiente para que dejemos de comprar a esta empresa o que jamás nos planteemos ni tan siquiera empezar a hacerlo. Ambas son razones más que justificadas (para nosotros) y legales para hacerlo, al igual que para convencer a toda la gente que nos dé la gana para que haga lo mismo. La diferencia es que el primer caso sería un problema relacionado directamente con su producto y la segunda no.

En el caso de La Noria sería igual, la gente no está mostrándole a las marcas que se anuncian durante este programa su disgusto con sus productos sino con su forma/política de comunicación. Yo me pregunto, ¿acaso no tienen derecho de hacerlo?, ¿acaso los clientes y posibles clientes tienen que estar obligados a opinar solamente sobre la calidad del producto, basándose en la calidad de estos? Las personas (que es lo que hay detrás de los clientes), hablan comunican y opinan sobre marcas. Las marcas son mucho más que un producto o servicio: son todo lo que les rodea, incluso sus propios consumidores.

Las personas tienen todo el derecho del mundo a dejar de consumir un producto o amenazar con hacerlo si no se rectifica tal circunstancia, ya sea de la calidad del producto, la forma de promocionarlo o porque simplemente les cae mal el conserje de su sede. La validez o no de los argumentos convencerá a unos y no lo hará con otros (especialmente con lo del conserje) pero tienen el perfecto derecho de opinar sobre cada marca como les dé la gana, expresando su opinión a quien les dé la gana, actuando como les de la gana en lo que les de la real gana basándose en lo que les dé la gana. Y eso es lo que hacen. Yo y mi marca no somos nadie para decirle a la gente: “Basaros solo en la calidad de mi producto y no en lo ético o poco ético que consideréis de mis acciones” (cosa también relativa).

¿Cual es la diferencia entonces entre este caso y el de Kit Kat, NIKE o el mas reciente de Cuatro?, ¿acaso cometieron estas marcas alguna ilegalidad? No. ¿Lo hicieron las personas que denunciaron sus actos? No. Pero ambas partes tienen el derecho y la capacidad para romper su “relación comercial” en el momento que les dé la gana por la razón que les dé la gana. No solo eso sino que una de esas partes (los clientes) tiene el derecho de convencer con sus argumentos a otros clientes para que hagan lo mismo siempre y cuando los argumentos sean verdaderos.

Dicho esto: El cliente tiene todo el derecho del mundo a dejar de comprar a Puleva, Bayer o cualquier otra marca que se anunciara en este programa ya sea porque no le gusta su producto, porque no le gusta su logo, porque le ha dado por ahí ese día o porque no está de acuerdo con su política de comunicación.

Otra cosa es que el resto de personas y las propias marcas consideren validos los argumentos que den, y visto la que se ha formado con todo este asunto, parece ser que para mucha gente si lo son…

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada