07/12/2011

Hemos ganado


Hay algo que me encanta. Me supera. Me produce esa liberación de dopamina tan placentera. ¿Sabéis que es? Enfrentarme a alguien a priori superior a mí.

No os confundáis, no es en el sentido de darme de hostias con nadie. Lo digo en el sentido de competir con gente con mayor grado de formación que yo, con su carrera, su masters, su experiencia… etc. He tenido la oportunidad de hacerlo varias veces tanto para conseguir un puesto de trabajo como para presentar un estudio. Son retos que me tomo muy en serio. Me aseguro no solo de pegar el campanazo cuando haya que demostrar quien vale más sino de hacerlo de manera abrumadora. Y si puedo hacerlo dejando la bocas abiertas, mejor.

Me encanta cuando me dan la oportunidad de hacerlo y me cabrea mucho cuando no me la dan (una de las razones por las que decidí estudiar tardíamente una carrera).

Una vez llegue a la final de un proceso de selección en el sector de la formación con dos chicos más. Una era una chica Licenciada en ADE y que trabajaba en banca. El otro era un chico con un muy buen expediente académico (también de ADE) y que acababa de terminar un Master en Comercio Exterior. El tercero era yo, que por aquel entonces solo tenía el CFGS de Comercio Internacional. La prueba final era una dinámica de grupo en la que teníamos que debatir entre nosotros sobre la responsabilidad del ser humano en el cambio climático. Sabía que yo simplemente era una comparsa y que así me verían también ambos. Sin extenderme mucho en explicar cuál fue mi táctica dejé que primero expusieran sus puntos de vista, que se enzarzaran “civilizadamente” entre ellos y después fui interviniendo yo poco a poco y gradualmente. La mayor parte de mi intervención fue a base de hacer preguntas. Poco a poco el chico (que empezó muy seguro) se fue apagando y la chica se puso tan nerviosa que casi acaba insultándome al final. Al final el psicólogo que dirigía el debate nos preguntó cuál era realmente nuestra opinión sobre el tema (no la que habíamos defendido). La mía, para sorpresa de todos, era exactamente la contraria a la que defendí (y era verdad, pero conozco estos procesos y aunque hubiera sido la misma habría dicho que es diferente…). A los pocos días me ofrecieron el trabajo.

En otra ocasión presente para el proceso de selección de Store Manager de una muy conocida tienda de la capital (vamos, la Adidas Megastore del Santiago Bernabeu). Me rechazaron a la primera. Esa sí que me dolió. Produce un cierto sentimiento de impotencia que no te den la oportunidad de demostrar lo que vales, y más sabiendo que si me la hubieran dado habría “machacado” a cualquier otro candidato (incluido el que, sin conocerlo, al final eligieron).

Soy así. Posiblemente una de mis mayores virtudes es que tengo una gran confianza en mí mismo y sé que cuando tengo la oportunidad de demostrarlo en un campo que domino (especialmente el marketing) tengo las de ganar por mucho que “pinten bastos”. A mayor reto, a mayor capacidad de mi rival, mayor liberación de dopamina. Me encanta competir.

Os dejo un anuncio del canal de deportes Versus (NBC Sports Network). Abajo su traducción por Vitonica.


Aquí está el por qué la vida es tan interesante. La teoría de la evolución afirma que solo los fuertes sobrevivirán. Tal vez sea así, tal vez. 

Pero la teoría de la competición dice que sólo porque sean los fuertes no significa que no se les pueda patear el culo. Así es. Mira, lo que cualquier desamparado que parece que no va a llegar lejos se dirá es: “el otro tío puede que de hecho sea el favorito, puede que las probabilidades estén en tu contra”, tienes razón. 

Pero lo que las probabilidades no saben es que esto no es un test de matemáticas: Esto es un test completamente diferente. Uno en el que la pasión tiene una forma curiosa de superar a la lógica. 

Así que antes de colocarte en la línea de salida, antes de que suene el silbato y el reloj empiece a contar, recuerda que los resultados no siempre tienen sentido. No importa lo que las estadísticas digan, lo que los expertos puedan pensar, lo que los comentaristas puedan haber precedido, cuando la carrera ha empezado las apuestas están cerradas. Que no te sorprenda si alguien decide darle la vuelta al guión y no darse por vencido. 

Y luego, de repente, como se suele decir, “hemos ganado”.

2 comentarios:

  1. No lo había leído, me encanta.

    No hay herramienta mejor para estar "por encima de los demás" (no me malentendais), que la seguridad en sí mismo. Eso es lo que más asusta y lo que menos abunda.

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  2. Completamente de acuerdo AwA. ;-)

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